Argentina

El delantero de la Juventus, con su brega, anticipación y juego aéreo, comenzó a hacer dudar a la presión argentina, y si los de Sampaoli no robaban arriba, quedaban completamente vendidos. El panorama en lo táctico era claro: si Luka Modric o Ivan Rakitic, los interiores en el 4-3-3 dibujado por Dalic, conseguían recibir de cara, Argentina estaba completamente perdida. Los nombres de Rebic y Perisic, los extremos del sistema croata, entraron en escena a partir de ese momento, sin duda la gran y principal amenaza para Argentina. Tagliafico y Mercado no llegaban a proteger el pase profundos obre su espalda, y las dos balas croatas intimidaban una y otra vez gracias a su tremenda potencia y velocidad.
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Fue la jugada que masacró definitivamente a Argentina en el segundo acto, y a su realidad táctica se sumó la rotunda exhibición de Luka Modric. El futbolista del Real Madrid, ayudado por Ivan Rakitic, pasó, además de a evitar que los argentinos pudieran recibir entre líneas con su buena lectura defensiva, a desbordar a su doble pivote con conducciones y controles orientados que definitivamente dibujaban un tres contra tres en la transición defensiva de la albiceleste. El error de Caballero terminó de hundir anímicamente a los de Sampaoli, que a partir de ese momento aceptaron la realidad: Croacia, tanto en lo cualitativo como en lo colectivo, era un equipo superior.
Messi aceptó quedar fuera del partido, y quizás eso fue lo más doloroso, inexplicable, e incomprensible de la derrota de Argentina. ¿Tuvo una explicación táctica? Es posible. Quizás Sampaoli, consciente de que en el primer partido alejó demasiado al crack culé del área rival, buscó tenerle cerca de poder finalizar las jugadas. Lo que ocurrió, sin embargo, es que durante losprimeros 45 minutos no sólo no disparó a puerta, sino que en ningún momento dio la sensación de representar una amenaza para Croacia. Con su sola presencia cerca de un centrocampista, Messi atraerá un rival, sembrará una duda, se hará notar. Pero en lugar de eso, Leo transmitió que no estaba, y esa fue la peor noticia para Argentina.
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Seguramente hubiera sido mucho mejor, como ocurrió contra Islandia, que diera la sensación de que Messi tenía que obrar un milagro para encontrar el espacio justo para su golpeo, que lo ocurrido frente a Croacia. Sampaoli hizo modificaciones muy significativas con respecto a lo visto frente a los islandeses. En la primera jornada, Argentina le limpió al culé el carril interior derecho, dejando como pivote a Mascherano y como falso interior izquierdo a Lucas Biglia, e involucrando, por pura ocupación de espacios, a Leo Messi a dar los primeros pases. Eso le obligaba a saltar dos líneas rivales, lo que provocó que en ningún momento encontrase una posición buena de remate. Sólo el pase atrás desde banda -muy bien defendido por los islandeses-, parecía ser premonición de un posible remate con cierta ventaja.
Por ahí pueden entenderse los ajustes de Sampaoli, en su intento de llevar a Messi más cerca del área y hacerlo, además, sobre el perfil derecho, desde donde puede encarar portería y rematar de zurda con su ángulo preferido.