Zidane

La apuesta por Casemiro como mediocentro, a pesar de que en un principio pareció conservadora, era en realidad extremadamente arriesgada. En el Real Madrid de Marcelo, Modric, Kroos, Benzema y Cristiano Ronaldo -es decir, en un equipo en el que el control de la pelota debía ser una base indiscutible para hacer sostenible el plan de juego-, Casemiro iba a ocupar una posición axial, clave para agilizar las circulaciones, con la consiguiente rémora que ello podría suponer. A eso había que sumar su gran agresividad a la hora de buscar el robo, lo que significaba abrir puertas en un equipo en el que, salvo en él y los centrales, no existía una técnica de robo lo suficientemente potente como para defender desde la precipitación en lugar de desde la protección de los espacios. Lo cierto es que antes de la contundente victoria de marzo de 2016 frente al Sevilla, dudar de la inclusión de Casemiro en el plan inicial tenía argumentos realmente poderosos.
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Sin embargo, su aparición en el once, más allá de que evidentemente el Real Madrid ganó un activo muy decisivo desde lo individual en aspectos básicos del juego defensivo como la disputa de balones aéreos o su aportación para frenar transiciones rivales ‘inesperadas’, condujo a Modric y a Kroos a encontrar su espacio. Una de las grandes medidas de Zinedine Zidane en el Real Madrid fue utilizar a Toni Kroos como interior izquierdo, desde donde el equipo blanco diseñó una estructura con pelota ultradominante. Modric pasó a ocupar el carril interior derecho, y aunque en ambos casos la intención era aprovechar el espacio que Carvajal y Marcelo limpiaban para servir de apoyo por detrás de la línea de la pelota, el croata, por cómo estaba configurado el sector diestro del ataque del Real Madrid, tenía algo más de libertad para hacer movimientos verticales. Pero eso es más matiz que discurso, y lo que consiguió el cuadro merengue, a partir de la composición definitiva de su medio campo titular, fue que dos de los mejores centrocampistas del mundo ya estuvieran a disposición de Carvajal, Marcelo, Cristiano Ronaldo, Karim Benzema, y Gareth Bale o Isco Alarcón. Un auténtico triunfo.
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A partir de esto, el Real Madrid consiguió hacer fuertes sus virtudes y esconder sus defectos. Independientemente de la estructura elegida en los tres jugadores que conformarían el ataque, Zidane eligió abrir al equipo para responder a lo que se iba a encontrar de forma frecuente en el fútbol de élite: la defensa en campo contrario del rival. Pepe (o Varane) y Ramos hacían pares con Modric y Kroos, cada uno en un perfil. Los dos centrocampistas interiores del equipo blanco jugaban realmente como laterales en salida de balón, lo que permitía a Carvajal y Marcelo jugar por delante, teniendo un sostén en caso de pérdida y lo más importante, un pasador de élite por detrás. Por lógica, el lado fuerte en los primeros pases del Real Madrid se convirtió en el izquierdo, con Sergio Ramos, Toni Kroos y Marcelo jugando a tres alturas, y en una zona en la que los apoyos de Benzema y Cristiano Ronaldo eran constantes.